Nuestros tres mayores enemigos

Las Expectativas. Los Deseos. El Control.

Por Carlos Sánchez
Aunque nos esforcemos por ser las mejores personas del mundo nuestras propias limitaciones nos enfrentarán a desafíos monumentales. Nuestras conductas están impregnadas de la necesidad de salirse del presente a toda costa y la forma que encuentran para hacerlo es mediante estos tres obstáculos a veces infranqueables. Las “expectativas” sobre nosotros y los demás estarán llevándonos, casi sin darnos cuenta, a la frustración y la desilusión. Desear nos posiciona en la carencia de forma inmediata y nos hace comparar y competir hasta la victimización. Y el control, es la forma que encontramos para protegernos del miedo.
Con apariencia inocua e intrascendente estas tres posturas emocionales son prácticamente adictivas y provocan en nosotros una serie de químicos internos que cambian hasta nuestra composición celular. Es que prácticamente no podemos concebir una vida sin contar con todas o algunas de estas necesidades personales. Expectativa proviene de estar expectante, atento. ¿Pero atento a qué? A que las cosas ocurran como las esperamos, bajo nuestras reglas hechas a nuestra propia y exclusiva medida. La expectativa no solo nos indica qué queremos que suceda sino cómo debe suceder. Es como si esperáramos ansiosamente a alguien en la puerta de nuestra casa, pero no nos conformáramos con el solo hecho de que llegue, sino que queremos que lo haga de una determinada forma. Por ejemplo queremos que baje de un determinado auto, vestido a la última moda y con un ramo de flores en una mano y una caja de bombones en la otra. Lo que la expectativa produce es que si aquel que esperábamos llega, algo que realmente queríamos que sucediera, pero solo caminando sin cumplir con esa serie de reglas imaginarias autoimpuestas, no podremos alegrarnos del todo, o más aun, nos enojaremos con él por no cumplir con nuestras reglas.
Es por eso que detrás de las expectativas están los deseos. Ellos son los que nos manifiestan que hay algo que nos falta. Desear algo nos ubica en el lugar de la carencia y nos hace poner nuestra atención en aquello que nos dará satisfacción. Podemos vivir y defender al deseo como motor de nuestras conductas, porque desear la zanahoria hace que el burro arrastre el carro, pero una pregunta interesante para hacernos es ¿quién dirige el carro? O acaso ¿Nosotros no deberíamos ser el cochero? Desear es la negación del ser, ya que si deseo algo implica la afirmación que eso que deseo “aun no es” o que si eso no lo logré “aun yo no soy”. Parece muy difícil entender que la motivación no debería basarse en el deseo y sus expectativas, porque nos han enseñado a que una cosa no puede vivir sin las otras.
Pero aún falta el más importante de los enemigos de ésta trilogía, el control. La experiencia de vida nos llevará de una u otra forma a aprender que para lograr cumplir con nuestros deseos y expectativas debemos controlar los acontecimientos, a las diferentes situaciones que se nos presentan, a los objetos que utilizamos y a las personas con las cuales nos relacionamos. El control limita, porque se basa en la emoción del miedo que expresa la posibilidad de no poder ser quien deseo ser. Detrás del control llegan la manipulación, la auto-exigencia y el mal trato. Intentamos sostener la creencia que manifiesta que podemos controlar todo si hacemos el esfuerzo necesario.
¿Qué podemos hacer para salir de esta trampa y seguir motivados?
Cambiar la expectativa por la atención consciente, que es la que nos hace vivir el “aquí y ahora”, sentirnos verdaderamente vivos y potencia nuestras capacidades. Cambiar el deseo, por el foco en lo potenciador, mente positiva dirigida hacia lo que sí tenemos, junto al agradecimiento permanente por vivir y reconocer la abundancia que nos rodea y que representamos. Cambiar el control por la capacidad de dirigir nuestro estado interior. La clave es saber fijarnos objetivos, pero dejándonos fluir y confiando en nuestra capacidad creadora, tomando nuestras decisiones situados en el aquí y ahora y enfocados en el poder de la abundancia del amor incondicional.

Mucha vida para todos.

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