Naio Gastambide

Un silencio de voz profunda

El diccionario de la Real Academia Española, en la cuarta acepción del término, dice que la palabra fenómeno, en su uso coloquial, alude a una persona sobresaliente en su línea.

Cuando falleció, el 4 de febrero de este año, más allá de los datos de rigor, obligatorios en una ocasión así (“nació en Colón, se formó en la Escuela Argentina de Periodismo de Buenos Aires…”), se habló de Héctor “Naio” Gastambide como un “fenómeno”, en obvia referencia a la imagen positiva que, en general, la gente que lo escuchaba y veía en los medios de comunicación tenía de él, así como también a lo que aquellos con los que compartió labores afirmaban: había fallecido un tipo “fenomenal”.

La muerte, en ocasiones especiales, aunque suene contradictorio, suele ser un modo de acercar; así, quien deja de respirar mantiene vivo un aliento eterno en aquellos que lo sintieron próximo (por más que nunca lo hayan visto en persona).

¿Qué es aquello que tenía Naio de especial?

Tal vez sea posible desentrañarlo si “oímos” las voces de personas que compartieron momentos con él.

Por ejemplo, el creativo publicitario y productor Mariano Pose, oriundo de Buenos Aires, quien, cuando recién llegó a Bariloche, en momentos en que el calendario mostraba que comenzaba el 2000, ideó, junto al diseñador gráfico Marcelo Mansilla, un programa televisivo que tendría a Gastambide como conductor.

Pose rememora: “Mansilla sugirió convocar a Naio. No recuerdo bien dónde nos juntamos, pero sí que Naio estaba muy entusiasmado con el proyecto. A Marcelo lo conocía, pero a mí no, sin embargo, con la generosidad que siempre lo caracterizó, se puso a nuestra total disposición, sin reparos. Así nació El Atril, que estuvo al aire en la pantalla de Canal Seis un par de años”.

“A la distancia”, observa Mariano, “no sé si el programa fue lo que con Marcelo teníamos en la cabeza en un primer momento, pero cuando se sumó Gastambide, El Atril fue lo que estaba destinado a ser, se amoldó a su personalidad.”

El publicitario no duda en afirmar: “El Atril fue Naio.”.

“Sé que él amaba el programa y que disfrutaba cada minuto de trabajo arduo”, explica. “A veces grabábamos hasta la madrugada… horas de charlas, para que sólo salieran al aire unos veinte minutos, y jamás puso un ‘pero’. Recuerdo que, incluso, en varias oportunidades, nos consultó si hacía falta aportar dinero para cubrir los costos de producción del programa.”

Pose sostiene: “Naio se preparaba para cada grabación, y abordaba las conversaciones con un profundo respeto por el invitado, lo cual se notaba”.

A la hora de definirlo, manifiesta: “Un profesional con todas las letras, y un ser humano generoso, de esas personas que, como decía Borges, ‘nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino’”.

“Era uno de esos seres que se cuentan con los dedos de la mano”, asegura. “Un tipo que se hizo querer. Simple, transparente, cálido, honesto, trabajador… Sé que su voz seguirá en nuestra memoria por siempre.”

abril-naio02

Mario Sandoval, en tanto, periodista que conduce en la actualidad De la A a la Z, cuenta que, la primera vez que lo vio en persona fue en 1996, cuando cubría la Segunda Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. En aquella ocasión, para romper el hielo, Naio le hizo una broma ‘ocular’: “Me llevó junto al periodista Daniel Ortiz en su vehículo, un Ford Fairlane. Me miró y dijo, por mis ojos algo cerrados: ‘¿Sos de la Xinhua?’, en referencia a la agencia oficial de noticias de China”.

A la hora de resaltar un momento compartido, Sandoval apunta: “Cuando me enteré que iba a ser papá de una nena, se lo conté; él, entonces, dijo: ‘No hay nada mejor que tener hijas mujeres, porque te obligan a perfeccionarte. Con un varón das algunas cosas por supuestas’. Siempre recuerdo esa charla y, cuando me siento evaluado por la mirada femenina profunda que mis niñas, aún al ser chiquitas, ya lucen, creo que tenía razón”.

“Su muerte me afectó mucho”, manifiesta el conductor televisivo, “porque siento que acortó un período suyo de plena felicidad, tras su retiro. Me impactó mucho ver a la gente cerca de la ruta cuando iba el cortejo.”

Mario, que encabeza De la A a la Z en el estudio de Canal Seis que lleva el nombre de Naio, concluye: “Me gustaría remarcar que era un tipo muy divertido, gracioso, más allá de la solemnidad que transmitía”.

abril-naio01

El periodista Francisco “Pancho” Poppe, en tanto, conoció a Gastambide (de quien ya poseía referencias porque era compañero radial de su padre en LU8) cuando tenía dieciocho años, al empezar a dar sus primeros pasos en el mundo de la información.

“Cuando decidí estudiar periodismo, en el Instituto Superior Patagónico, Naio fue uno de mis profesores”, cuenta Pancho. “Siempre le tuve aprecio. Más allá de ser un gran profesional, me conmovía su sencillez en la vida misma, su calidez humana. Me alentó a trabajar en los medios, a ejercer el periodismo. ‘No le afloje’, solía decirme.”

Francisco, que en la actualidad tiene una agencia de comunicación llamada Altavoz y el medio digital Económicas Bariloche, relata: “Era uno de nuestros profesores preferidos, porque en cada clase nos atrapaba con sus innumerables historias, muchas de las cuales había compartido con Rodolfo ‘Pancho’ García, quien también daba clases”.

Poppe fue secretario de Comunicación del Concejo Deliberante durante la gestión gubernamental anterior, y, en tal función, decidió honrar a Gastambide. “Estaba convencido de que había que distinguirlo institucionalmente”, señala. “Por eso, cuando se jubiló, tomé contacto con él y lo primero que me dijo fue que había otros periodistas que, tal vez, merecían la distinción antes que él. Pero en el Concejo, con la presidencia de Ramón Chiocconi, estábamos seguros de que era a él a quien debíamos homenajear, y no nos equivocamos.”

El comunicador detalla: “Le otorgamos un reconocimiento como Periodista Decano, una de las tantas distinciones que otorga el Concejo Municipal, y la entrega la realizamos en el marco del Homenaje a los Antiguos Pobladores, el 3 de mayo de 2015”.

“Fue un momento conmovedor”, asevera. “El público (más de doscientas personas) lo ovacionó. Cuando le tocó pronunciar unas palabras, curiosamente, le temblaba la voz. ‘No contaba con que tanta emoción me ganaría por completo’, me dijo al día siguiente, cuando me contactó para agradecerme por el reconocimiento.”

“Creo que la humildad que caracterizó su vida lo hacía más grande aún. Eso era, un grande”, completa Poppe.

El gerente del diario El Cordillerano, Antonio Zidar, por su parte, narra: “Trabajé más de veinticinco años con Naio. Atravesamos juntos las buenas y las malas de nuestra maravillosa profesión, y lo primero que me surge ante la mención de su nombre es una sonrisa. Nunca estaba de mal humor. Hemos discutido mucho profesionalmente y jamás, pero jamás, me respondió de mala manera o me contestó con otra cosa que no fuera respeto y amabilidad”.

“Me conmovió siempre su historia de luchador y cómo había convertido esa lucha en bonhomía”, observa.

“Tenía una voz maravillosa”, continúa, “eso, en Bariloche, lo sabemos todos, pero, sobre todas las cosas, era alguien con quien daba gusto estar, en cualquier circunstancia. Tuve la suerte de compartir infinidad de anécdotas, muchas de ellas políticamente incorrectas, otras tantas absolutamente bizarras y todas, todas…geniales. Sabíamos cuándo él se extraviaba en algún poema o relato; pero sólo nosotros lo notábamos. El que no lo había escuchado nunca y no conocía los textos no hubiera imaginado jamás que improvisaba, porque lo que decía, y cómo lo hacía, era fantástico.”

“Muchas veces, en broma, fantaseábamos con que alguno de sus amigos fallecía (antes que él, obviamente) y Naio dedicaba unas palabras”, revela el periodista. “Era maravilloso escucharlo referirse a la muerte de alguien que quisiera o admirara. Decíamos que tener esa despedida de Gastambide justificaba una muerte.”

“Pero lamentablemente nos falló. Sin querer, nos falló. Él se fue primero.

Y todos nos quedamos en silencio”, suelta con dolor.

Zidar comenta que a Naio le gustaba mucho la palabra “formidable”, y que, cuando debía relatar la partida de alguien destacable, solía decir: “Se marchó al gran silencio”. Por eso, al referirse al amigo que no está, lanza un pensamiento que, es probable, comparta gran parte del pueblo barilochense: “Qué decir…si ese tipo ‘formidable’ se marchó ‘al gran silencio’. En su caso, un silencio lleno con la profundidad de su voz”.

Por Christian Masello

Share on FacebookTweet about this on TwitterPin on PinterestShare on Google+Email this to someone